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Archivo para la Categoría "Desarrollo organizativo"

¿Qué fué de nuestros gurús del management?

Les digo ya mi respuesta: casi todos nuestros gurús del management están en las secciones y catálogos de autoayuda y crecimiento personal de las librerías. ¿Qué ha podido suceder estos años para que el sueño de la mayoría sea estar ahí? Si tuviésemos que hacer una investigación sobre las diferentes dimensiones que caracterizan una crisis sistémica propongo que reflexionemos sobre estas dos:

  • Una crisis sistémica es tal cuando la mayoría de los gurús del management han dejado de reflexionar y de aportar ideas frescas sobre las organizaciones, y se dedican a relatar historietas, ficciones o cuentos para el comun de los mortales.
  • Una crisis sistémica es tal  cuando el principal foco de los gurús del management está en relatar la biografía o las leyendas de héroes de éxito -militares, políticos, directivos, emprendedores, deportistas, actores.

Todos estos relatos tratan de llegar a la fibra del héroe que todos llevamos dentro. Todos tienen una finalidad de gran consumo y una aplicación al ámbito personal. Los autores buscan seducir al gran público y a los líderes empresariales, y de esta forma hacer posible su fantasía de reconocimiento universal. El autor se identifica con el héroe que describe. También aspira a ser él mismo un héroe. Unos pocos de esos relatos tienen un impacto mundial. La mayoría en cambio tiene una vida efímera, semejante a la de una mariposa. Nuevos autores o nuevos relatos del mismo autor hacen obsoletas las propuestas y planteamientos de los existentes.

Una crisis sistémica es tal cuando la sociedad está fascinada por la tele-basura, los dirigentes empresariales están embobados con la guru-basura y evitan reflexionar, o las redes sociales están replicando eslóganes rede-basura.

La “teoría U” de Otto Scharmer

A través de su proceso en U, Otto Scharmer (OS) no sólo pretende elaborar una teoría del Todo destinada a lo que él mismo denomina el campo social, sino que también habla de la promesa de una nueva ciencia de la cual él mismo se erige en profeta emergente.

La teoría U de Otto Scharmer

El rumor como síntoma del déficit de sentido

La presencia del rumor en las organizaciones se explica de diversas maneras.

  • Una explicación es que este el rumor para rellenar el vacío de comunicación oficial.
  • Una segunda explicación es que el rumor es un sistema de explicación alternativo al oficial, se constituye entonces como un verdadero contra-poder al poder oficial, el poder del excluido y dejado de lado, su lucha es contra la incertidumbre resentida.
  • La tercera explicación es que tras una apariencia benevolente, la persona trata de ejercer su poder desde el rumor, puesto que acaba induciendo un contexto favorable a sus intereses, e incluso acaba abduciendo a su interlocutor.

A diferencia del relato-mito, que en general sucede con héroes externos a la organización, que están en otro lugar e incluso pertenecen a otro tiempo, lo que nos permite idealizarlos, el relato-rumor por el contrario sucede siempre dentro de la organización. Sus personajes nos resultan familiares.

El rumor permite conversar desde un contenido y una posición relacional inaccesible a terceros ausentes, sobre quienes a menudo conversamos. Ellos son el eje de nuestra conversación y sin embargo no participan de la misma.

Nos sometemos a la comunicación vertical transaccional, restrictiva y opresora, desde el permiso que nos otorgamos para mantener una comunicación horizontal liberadora, porque está claro que no nos vamos a atar la lengua. En la horizontalidad, tendemos a vernos como personas con capacidad de influencia y de manipulación. Nos sometemos al silencio y la exclusión sobre el futuro de nuestra empresa, a cambio de ironizar, caricaturar o ridiculizar las capacidades de anticipación de nuestros jefes.

En un sistema humano donde reina la ocultación, el clasismo, la opresión, el oscurantismo, la desconfianza o la alienación, y donde se propugna la obediencia debida y el sometimiento a la autoridad, buscamos una interacción con nuestros compañeros al margen de la visión corporativa y de las responsabilidades asignadas al rol que ejercemos. Nuestro propósito no está alineado con la visión corporativa, entendemos que esta ha sido usurpada por unos pocos, no compartimos lo mismo. En este caso, el propósito compartido tiene que ver con lo que otros nos señalan o podemos señalarles en cada momento.

En resumidas cuentas, la cultura del secreto está íntimamente vinculada a nuestra ambigüedad. En la cultura del secreto, todo el mundo cree tener toda la información, pero el secreto pasa porque ésta no sea compartida de forma abierta, porque entonces pierde el valor misterioso que la envuelve. Al compartir con un tercero nuestro secreto, buscamos a meterlo en la cultura del secreto. Esta muestra de ambigüedad, a menudo fomentada inconscientemente por los líderes de la empresa, dificulta enormemente los procesos grupales ya que alimentan la desconfianza y la sospecha.

La violencia en el trabajo como síntoma

Un ritual se entiende como un proceso colectivo de liberación de la tensión corporal acumulada fruto del exceso de contradicción resentida. Cuando predominaba la duración lenta y existía influencia religiosa en las sociedades, los rituales eran sociales, sucedían de forma colectiva y estructurada. A menudo cumplían una función de iniciación.

La actividad ritual, en sus diferentes formas, tiene como objetivo esencial la conjugación y el dominio de esta doble polaridad. La actividad ritual tiene como objetivo esencial establecer, reproducir o renovar las identidades individuales y colectivas” (M. Augé 1994: 51).

La doble polaridad a la que se refiere este antropólogo está presente en las organizaciones de diversas formas: individualidad-grupo, autonomía-interdependencia, integración cultural-cambio cultural, o temporalidad continua-temporalidad discreta. En los extremos hay tensión por acumulación de contradicción, lo que induce a violencia. Hay otra paradoja que induce a la violencia: por un lado está la entrega de la persona a una relación caracterizada por un espacio plano y abierto, un tiempo más discreto que continuo, o una exigencia de fluidez y competitividad; y por otro lado está el deseo de pertenencia a un espacio íntimo y protegido, de una temporalidad continua y estable, o de un reconocimiento sincero y duradero por lo que uno es y no tanto por lo que se consigue. Hay una tensión entre las reglas y exigencias definidas por el grupo o la sociedad, y aquellas otras definidas por el individualismo imperante. Se fomenta el individualismo a la vez que se fomenta la dependencia del entorno. El ritual sería la forma sistémica de resolver dicha contradicción, la forma organizada de disolver la violencia.

Una aspiración de las sociedades avanzadas y ultramodernas es la domesticación de los instintos y la desaparición de los rituales, con su valor catártico y sanativo en las relaciones. Esta postura aséptica, racional y mecánica viene muy impulsada desde las organizaciones, por considerar estas prácticas esotéricas, propias de la magia negra, nefastas para la creación de valor.

A cambio de este proceso de domesticación y auto-control, en las organizaciones tienen lugar explosiones desestructuradas de la tensión acumulada. Dicho de otro modo, tienen lugar escenas e interacciones de naturaleza variable –malentendidos, equívocos, desprecios, embrollos, litigios, rivalidades, violencias relacionales –que inducen una fuerte tensión emocional. En ellas se daña la relación, se despliega mucha excitación y se difunde mucha energía negativa. Estas interacciones sacan a unos y otros de la misión encomendada a su rol, lo que les hace desviar su atención de la creación de valor.

En términos de poder, estamos ante mecanismos asimétricos de influencia, que confluyen en picos de sobreexcitación y de trance. Los colaboradores se salen del auto-control exigido y proceden a una búsqueda de influencia por otros medios. Estamos en un juego de espejos caracterizados por el “y tú más…porque tú empezaste primero…porque que no voy a ser yo el último mono…porque ya estás tú de nuevo con las tuyas…porque ya estamos con lo de siempre…porque siempre andamos con el mismo cuento”. Estas interacciones son excesivas e irracionales, porque reflejan el lado más oscuro de la persona. El compañero no existe para facilitarle a uno la vida en el camino hacia la visión, sino para ponerle trabas y hacerle la vida más difícil, por no decir imposible. Son conductas que denotan una sed de poder e influencia sobre el otro, y de paso una búsqueda de reconocimiento social para uno mismo. Hay una incapacidad para reconocerse mutuamente como seres valiosos, desde la excitación que procuran estas interacciones.

A diferencia de la misión y la tarea, que orientan la acción hacia el presente-futuro, estas manifestaciones tienen su anclaje en el presente-pasado, la memoria de las relaciones y experiencias precedentes vividas. Por ejemplo, estas manifestaciones reproducen las dificultades para influir que la persona pudo experimentar en sus relaciones familiares: el grupo pequeño en la empresa resuena como una familia mal avenida en la que se abusó del poder y se humilló a los miembros más vulnerables.

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