La ambigüedad en la disciplina sistémica Octubre 1, 2009
Posted by Antonio Linares Güemes in Creación estratégica, Desarrollo directivo, Innovación.add a comment
La ambigüedad no tiene un significado positivo para nosotros y por eso ha sido relegada a un segundo plano e incluso desterrada por el pensamiento científico-ilustrado por su vínculo con la indeterminación, la confusión, el equívoco, la oscuridad, el retruécano o el doble sentido.
La imaginación ha sido asociada a la ambigüedad, y quizás por esa razón nuestra capacidad fantástica también haya sido censurada en las empresas, centrifugada al mundo del arte y del espectáculo. Al positivismo le interesan hechos objetivos, datos, significados claros, no interpretaciones subjetivas y mucho menos ficciones; incluso cuando pretende crear e innovar, el positivismo quiere que suceda según una lógica causal lineal, siguiendo una cascada vertical e incluso una estructura procedimental.
Para la disciplina sistémica, la doble naturaleza de la ambigüedad nos permite integrar el elemento antagónico: el bien y el mal, la perfección y la imperfección, la vida y la muerte, la razón y la imaginación, la feminidad y la masculinidad, el inconsciente y el consciente.
El proceso de creación estratégica es un proceso de objetivación de la ambigüedad individual.
¿Crisis global o barreras al desarrollo desde nuestro imaginario masculino? Octubre 16, 2008
Posted by Antonio Linares Güemes in Cambio y transformación, Creación estratégica.add a comment
Los humanos vivimos constantemente en busca del orden, porque el orden representa nuestra fantasía de control sobre el tiempo, es una argucia de nuestra imaginación para controlar nuestras imágenes de muerte; la angustia es un reloj vital que imagina el tiempo como un caminar inexorable hacia la muerte, por eso asociamos el desorden y el caos con la muerte.
El ritual de nueva creación es un recurso al que acudimos los humanos para abandonar el desorden y el caos en que nos imaginamos sumergidos, y acceder a un nuevo orden; desde el ritual de nueva creación nos rescatamos de las imágenes de muerte y resucitamos. El ritual de nueva creación ha sido y es muy habitual en las empresas, y se lleva a cabo a partir de fusiones, compras, reingenierías o desembarcos de nuevos directivos; desde estos procesos se entiende que hay que poner todo patas arriba y generar un nuevo orden porque el orden vigente supone una degradación que nos confronta con la desaparición. Lo que sucede en estos rituales corporativos de nueva creación es una deslegitimación afectiva de nuestro pasado, un reseteado de nuestra historia personal. No hay peor cosa que convivir con una historia repudiada, es como matarnos en vida; la peor muerte es la que soportamos diariamente en vida.
La globalización representa una legitimación de la carrera desde el imaginario masculino, hiperbólico, excluyente, exacerbado, megalómano y con fantasías de inmortalidad:
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El imaginario masculino no duda en anular el pasado si con ello alimenta nuestra fantasía de comprar más futuro. Las empresas del imaginario masculino piden motivación y compromiso a sus empleados, a la vez que no desaprovechan una ocasión para fomentar imágenes de muerte entre ellos, amputando cíclicamente su pasado personal y limitando las posibilidades de imaginar el futuro como un tiempo que se expande. Nada por detrás, nada por delante.
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El imaginario masculino no duda en crear y comprar futuro envasando el tiempo en una compleja ecuación matemática, como sucede en las fórmulas de los derivados financieros; ello hace que el mundo inmortal recreado en el derivado financiero acabe siendo más importante que el mundo biológico y mortal en que nos desenvolvemos, es decir, creamos la fantasía para que supere y prolongue a la realidad. Un producto financiero estructurado con el capital principal garantizado es una criatura del imaginario masculino para alimentar nuestras fantasías de inmortalidad. En el discurso de “gano y no pierdo” hay una fantasía de vida sin riesgo de muerte; hablar de incertidumbre aquí no es más que una impostura porque la fantasía es una anulación de la incertidumbre.
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El imaginario masculino es anti-sistémico, porque no duda en aislar, disociar y separar para luchar contra la imagen de muerte que nos invade. Así, desde el imaginario masculino queremos separar el regulador del mercado, porque asociamos al regulador como limitador de nuestras posibilidades de inmortalidad para redistribuirlas a los demás. El mercado que imagina el imaginario masculino es una fantasía de perennidad y de inmortalidad.
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La crisis conómica que imaginamos desde nuestro imaginario masculino es una barrera o limitación a nuestra fantasía de inmortalidad. Nuestro imaginario masculino admite el ciclo como una posibilidad intelectual, y mucho menos como una necesidad vital. Con esta afirmación, no pretengo regodearme en el fango de una crisis estructural sino señalar un límite estructural de nuestro imaginario masculino.
En resumidas cuentas y para alimentar nuestra reflexión:
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La crisis actual se puede interpretar como una barrera al desarrollo desde el activismo de nuestro imaginario masculino. El sistema muestra el límite estructural propio del imaginario masculino.
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Hay principios sistémicos - universalidad, comunidad, historia, inclusión, ciclo, etc. - propios de nuestro imaginario femenino, que no están presentes en nuestra globalización actual, y que buscamos a reprimir a toda costa. Su inclusión futura puede contribuir a una nueva era.
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El sistema financiero tiene que reequilbrar los patrones masculinos de sus directivos para no toparnos en breve con el mismo límite estructural que estamos conociendo. El reequilibrio va hacia un mayor reconocimiento del patrón femenino, lo que no necesariamente implica que haya que promocionar a más mujeres. Subsecuentemente, todos los parámetros de segmentación de los llamados perfiles de riesgo en inversión también deberán ser revisitados.
La función personas en 2020: cuatro escenarios de futuros posibles Julio 5, 2008
Posted by Antonio Linares Güemes in Creación estratégica, Innovación.add a comment
¿Cómo será el mundo de la colaboración profesional en 2020? Esta es la pregunta que se hizo un grupo de profesionales que, a instancia de HayGroup, comenzó en Enero de 2007 un viaje imaginario al futuro que se ha saldado con la elaboración de cuatro escenarios de futuros posibles que serán presentados en los meses venideros en diferentes foros y formatos. Mi aportación ha sido liderar este magnífico proyecto de creación estratégica.
Escenario “Gaia”.
Estamos en 2020; las imágenes femeninas prevalecen en la creación de valor en Europa, lo que está permitiendo una renovación sin igual, desde valores y planteamientos ecológicos. Las llamadas empresas gaia, tierra o matria han reinventado la creación de valor, desde modelos y equilibrios diferentes.
“Gaia” representa el escenario de la responsabilidad y la autonomía del individuo, combinada con una búsqueda de la eficiencia corporativa desde la asimilación, la integración y uso de enfoques o métodos inductivos, sobre todo en la función estrategia y en la función innovación. La responsabilidad y la autonomía del individuo significan bajo este escenario que las personas sentirán mayor necesidad de expandir su tiempo, buscando una mayor conexión vital entre su pasado y su futuro, una mayor coherencia en su historia personal y por lo tanto un sentido diferente de su propio presente; esto supone un cambio mayor respecto a la realidad que conocemos en 2008, muy marcada por la ignorancia del pasado (Ej.: la experiencia) y muy marcada igualmente por la invasión del futuro en nuestro presente.
A nivel de eficiencia de la empresa, “Gaia” significa un mundo en donde se da una mayor expansión del tiempo vital y un menor consumo del espacio físico para crear valor; es decir, bajo este escenario, el individuo aspira a una mayor participación en los procesos de imaginar el futuro de su empresa, y también aspira a una menor movilidad o desplazamiento diario para participar en procesos de creación de valor. “Gaia” representa la dominación de la imagen femenina, aunque sea el hombre el que siga liderando en los negocios.
Escenario “Sol”.
Estamos en 2020; empresas titanes[1], colosos, ogros, dragones y gigantes copan el mundo de la creación de valor. Cada empresa tiene varias centenas de miles de empleados. En ellas, el Sol nunca se pone.
“Sol” representa el escenario de la persona encajada en el rol, trabajando en una empresa con una búsqueda de eficiencia corporativa desde la dominación, el control, la seguridad e integridad corporativa y al uso de enfoques o métodos deductivos similares a los que venimos conociendo en 2008, sobre todo en la función estrategia y en la función innovación. “Sol” significa la necesidad de seguir incurriendo en altos consumos de espacio físico y por lo tanto de energía, para generar valor. Supone por lo tanto el escenario “Sol” la dominación del aplanamiento espacial acompasado de una dominación de la imagen masculina en los negocios, aunque sea la mujer la que lidere. Este escenario conlleva un alto impacto en la movilidad diaria de los profesionales, en el desarrollo sostenible, en el estilo de liderazgo, en los valores corporativos, en las competencias, etc. “Sol” también representa mantener nuestro discurso actual sobre la diversidad en la empresa en un mundo o cultura corporativa convergente e interesada únicamente por el rol y no por el individuo. “Sol” también significa vivir con un presente intenso, comprimido y acelerado, con lo que conlleva de evanescencia del pasado de cada uno y por extensión de su experiencia profesional.
Escenario “Lucha”.
Estamos en 2020; oficios, sindicatos, colectivos, clases sociales, constituyen los elementos clave de la creación de valor en una reivindicación periódica de unos y otros, de unos contra otros por mejorar las condiciones de vida. Las grandes transnacionales han puesto a competir al mundo.
“Lucha” representa el escenario del gregarismo y el colectivismo, acompasados con un mundo de tensión laboral, de conflicto, de oposición excluyente, de clausura en el grupo o la clase y de reivindicación laboral desde la misma. “Lucha” significa la resistencia activa a la dominación, la búsqueda de la seguridad y el uso de métodos deductivos o métodos paraguas pensados por unos pocos y aplicados a la vida de muchos. “Lucha” significa la difícil convivencia con la globalización por parte de un colectivo importante de la población que se siente desdeñada, maltratada y empobrecida; el “mileurismo” es la práctica habitual y uno ya no vive sino que malvive. “Lucha” representa el retorno de la fragmentación de la sociedad en colectivos sociales que se oponen entre sí, el retorno de la reivindicación, sindical o no, con fuerte impacto transnacional, con el apoyo de consumidores y empleados en reivindicaciones puntuales.
También representa “Lucha” la tensión entre la imagen femenina -diálogo, concertación, apoyo, educación, equidad – y la imagen masculina en la empresa -eficiencia, desempeño, rendimiento, iniciativa, superación, asertividad; en este escenario se da una imposición de la imagen masculina desde cierta violencia relacional colectiva; también representa este escenario la tensión por nuestra dificultad a equilibrar el presente y el futuro –el sacrificio en el presente a cambio de empleo futuro, el bienestar presente a cambio de sostenibilidad para las futuras generaciones.
Escenario “Solidaridad”.
Estamos en 2020; sabiduría vital, respeto del ciclo de vida y equilibrio vital, constituyen los elementos clave de la creación de valor. Las transnacionales se están organizando por formas de colaboración que cierran el círculo más cerca de una comunidad y de segmentos de colaboración de manera a mantener la cohesión.
“Solidaridad” representa la cohesión social desde modelos de colaboración profesional en los que intervienen tres generaciones estructuradas en segmentos de colaboración profesional. Se trabaja hasta los 70 años, y el mundo de la colaboración profesional está articulado en cuatro segmentos. También representa “Solidaridad” la presencia de procesos dinámicos de capacitación para todos los segmentos de colaboración profesional, o la gestión dinámica de las transiciones de un segmento de colaboración profesional a otro.
En “Solidaridad” hay un tiempo de carrera profesional basado en un alto consumo de espacio físico, y un tiempo de carrera profesional basado en un consumo débil de espacio físico; hay un tiempo de carrera basado en un presente intenso y acelerado, y un tiempo de carrera basado en un presente lento. En “Solidaridad” la responsabilidad social ha sufrido un cambio mayor, dándose una convergencia entre esta y las iniciativas de desarrollo sostenible.
[1] Los términos se refieren a metáforas.
Carreras profesionales y dirección del sentido Junio 8, 2008
Posted by Antonio Linares Güemes in Cambio y transformación, Creación estratégica, Desarrollo directivo.add a comment
Desde que los humanos adquirimos la posición vertical, una parte significativa del sentido la tenemos asociada a la elevación y la ascensión. El arquetipo de la elevación o ascensión es universal, estamos ante una analogía que nos procura nuestro esquema postural de la verticalidad de nuestro cuerpo, nuestra valerosa puesta en pié como humanos, particularidad antropológica que nos permite desde hace miles de años una buena perspectiva tridimensional, una buena comparación visual y una buena interacción manual con nuestro entorno.
Toda nuestra existencia está marcada por la ascensión, la potencia y la seguridad que representa estar en la parte más alta, la altura, la cumbre, la cima, la cúspide, el reino de las estrellas, como exponente de nuestra victoria personal sobre el tiempo, de nuestra liberación del tiempo de los demás y de la imposición de nuestro tiempo a los demás.
Desde siempre, la carrera profesional ha estado basada en este esquema vital de la elevación y la ascensión como direcciones preferentes generadoras de sentido para nosotros; cuando el profesional asciende o se promociona, el tiempo se expande para él, es decir, tiene el sentimiento de que se le abren las puertas del futuro. Al revés, cuando el profesional no progresa o pierde las posiciones adquiridas, el tiempo se comprime para él, su sentir existencial es que se le cierran puertas.
Metodológicamente, los modelos de competencias replican esta particularidad antropológica; es decir, están planteados como una ascensión o una progresión, por parte de quien detenta el rol, de un nivel de la competencia al nivel de la competencia superior. Los modelos de competencias están concebidos como escaleras que facilitan la ascensión, con sus niveles de competencia bien recortados como si fueran peldaños de mármol. El llamado ajuste competencia-puesto se corresponde en realidad con una puesta en equivalencia entre niveles de elevación jerárquica, por un lado, y niveles de la competencia por otro lado.
Ahora bien, hay dos situaciones que plantean un problema de déficit del sentido en miles de profesionales:
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Muchas empresas solo ofrecen a sus empleados las llamadas carreras horizontales, que consisten no en elevarse hacia roles de mayor responsabilidad, sino en degustar y picotear diferentes roles de un mismo nivel dentro de un mismo departamento o en diferentes departamentos.
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Por otro lado, tenemos la estrechez temporal en la que viven instalados miles de profesionales: hacia adelante, no se les deja contribuir a pensar el futuro y por lo tanto tienen baja visibilidad del futuro; y hacia atrás, su experiencia profesional está sometida a constantes cuestionamientos por la importancia que tiene el indicador de desempeño.
Si vivimos en una época en la que “nada por delante”, ni “nada por detrás”, y además existen “escasas posibilidades de ascender”, tenemos un serio problema de pérdida del sentido.
El error de análisis de muchos directivos, actualmente en el poder de las empresas, es quedarse en un simple problema de “falta de motivación” o de “falta compromiso” entre los empleados y ejecutivos.
El objeto de la sistémica empresarial Marzo 13, 2008
Posted by Antonio Linares Güemes in Cambio y transformación, Creación estratégica, Desarrollo directivo, Innovación.add a comment
El objeto de la sistémica empresarial lo entiendo como ocuparnos de la forma en que la empresa encara las cuestiones del tiempo; es decir, en cómo la cuestión del tiempo influye en las relaciones y comportamientos que tienen lugar en la empresa.
La empresa desarrolla políticas racionales para articular relaciones funcionales o mercantiles cuya finalidad es la creación de valor. Estas políticas están asentadas sobre paradigmas tales como el procedimiento, el proceso, la causalidad lineal o la causalidad no lineal, el orden o el desorden, un futuro o varios futuros posibles, yuxtaposición o subordinación. De todos estos podréis encontrar un amplio desarrollo en mi libro El gran bazar: la sistémica en la empresa.
A su vez, estas políticas y paradigmas emergen desde el imaginario humano, es decir, desde la forma en que los humanos encaramos las cuestiones del tiempo desde que la humanidad existe. El imaginario nos aporta mayor riqueza semántica sobre nuestra convivencia con símbolos y lo que esto significa para nuestras relaciones corporativas, que la riqueza que nos venimos generando desde lo que comúnmente entendemos por la cultura de la organización, la cual nos sitúa más próximos a la semiología.
La empresa también convive con sus mitos, sus relaciones irracionales y su violencia relacional, que también son sistémicas. Por eso, entiendo que conviene hablar de relación y/o comportamiento sistémico, más que de pensamiento sistémico.