¡¡No les hables de “cambio”, por favor!! Junio 10, 2009
Posted by Antonio Linares Güemes in Cambio y transformación, Desarrollo directivo.add a comment
Desde nuestro imaginario, el cambio nos confronta con la fantasía de pérdida de nuestra identidad, y con nuestra muerte simbólica, que es bastante peor que la muerte biológica porque la simbólica es la muerte que nos sucede en vida.
Ningun directivo niega la necesidad de cambiar, incluso el más recalcitrante lo llega a confesar “por lo bajini”, en “petit comité”, fuera de micrófono u “off the record”.
Hay cuatro síntomas a observar sobre los que podemos trabajar sin mentar el cambio:
- ¿El directivo niega la amenaza?
- ¿El directivo deviene repetitivo en sus actividades?
- ¿El directivo se centra en lo “urgente”?
- ¿El directivo se resiste a admitir su ignorancia y a hacer duelo en consecuencia?
El cambio sucede a partir del momento en que el directivo confiesa su limitación e ignorancia, lo que le pone en la actitud de aprender de y con otros. La declaración de ignorancia es muy dura cuando uno viene ocupando el poder, y requiere de capacidad de tolerancia en quien la recepciona, porque quien se declara ignorante o incompetente nos está mostrando su vulnerabilidad.
Qué poquita cosa y cuán grande es el paso dado.
La receptividad Junio 10, 2009
Posted by Antonio Linares Güemes in Desarrollo directivo.add a comment
La receptividad es una capacidad propia de nuestra polaridad femenina; en la receptividad prevalece la imagen del receptáculo, el continente que acoge, el vientre que trae al otro dentro.
La entiendo como una capacidad más profunda que la competencia de escucha, puesto que en la receptividad requerimos de intimación e incluso de interiorización, lo que nos lleva a vaciarnos de nuestros prejuicios y de nuestro narcisismo para dejar espacio al otro: difícil salir de uno mismo cuando se es tan bueno, tan guapo, tan eficiente y tan conocedor de todo.
La receptividad conlleva una actitud de pasividad en nosotros; el problema con la pasividad es que está muy marcada por el dualismo de nuestra polaridad masculina, que nos viene a señalar que “todo aquello que no sea activo e incluso hiperactivo, tiene una connotación negativa”.
La creación grupal es imposible sin la receptividad (“mi principio activo está en el otro”) o la acogida que ofrezco al otro. Acogemos al otro desde la escucha que le ofrecemos, la escucha es un don de uno mismo, una forma de traer el otro a nuestro interior (“si el otro está en mí, se sentirá bien”).
La receptividad está asociada a la espera paciente para que la maduración llegue; este aspecto de la temporalidad me parece importante. También está asociada la receptividad a la interioridad propia de una fecundación, al tiempo muerto o de latencia para que la semilla prenda, a la temporalidad rítmica y acompasada de la fertilidad telúrica, al silencio para escuchar y sentir (alegría y dolor), y a la invisibilidad del proceso de gestación.
La receptividad es muy importante para el trabajo grupal -coaching grupal, grupos de trabajo, comités, comunidades de aprendizaje- puesto que permite que los miembros tomen progresivamente posiciones.
He visto muchos modelos de competencias que incorporan la competencia trabajo en equipo; y cuando leo la descripción que hacen de esta competencia, la siento hueca, poco aportadora de significado para poder ejercerla.