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La innovación, el mito y el neologismo: ¿en qué se parece la velocidad y el tocino? Enero 30, 2009

Posted by Antonio Linares Güemes in Cambio y transformación, Innovación.
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Desde una perspectiva de temporalidad, la innovación se inserta en nuestra concepción moderna, progresista y lineal de la temporalidad, en ella entendemos que el pasado no es como el futuro, se da una asimetría entre ambos, con lo que conlleva en términos de cambio en nuestras vidas. El futuro representa una progresión nuestra con respecto a nuestro pasado, llegar al futuro los primeros nos redime y nos pone en contacto con la fantasía de inmortalidad, indestrucción.

Innovar constituye una forma de marcar nuestro tiempo lineal con hitos que nos aportan sentido de progreso, de avance; al revés, la ausencia de innovación a pesar del discurso que mantenemos o de la expectativa que nos creamos nos encierra en un tiempo tedioso, aburrido y repetido.

El mito (o discurso mítico) se inserta en nuestra concepción tradicional, repetitiva e iterativa del tiempo. El mito adopta la estructura secuencial de nuestro lenguaje, y cambiar los contenidos de nuestra narrativa o discurso es más fácil que cambiar nuestras formas de hacer. El mito tiene como función poner orden en nuestro tiempo, que sentimos que se degrada y nos acerca a la muerte; una empresa que repite el discurso del cambio o de la innovación no es necesariamente una empresa que (se) cambie o que promueva el cambio, detrás de una acumulación de discursos repetitivos no existe necesariamente innovación.

A pesar de que, “la innovación” y “el mito sobre la innovación” son procesos de vida muy diferentes, ambos cumplen la misma función de “poner orden” en un tiempo que sentimos que se degrada hacia la muerte. Desde esta perspectiva, sí que existe un parecido entre la velocidad y el tocino.

Cuando innovamos, o comunicamos sobre innovación, tenemos mayor sensación de dinamismo del tiempo, algo parece que se mueve, algo nos dice que avanzamos más rápido que nuestros competidores o que ya estamos por delante de nuestros competidores. La innovación legitima nuestro quehacer ajetreado en esta vida, expande nuestro tiempo, nos abre nuevas oportunidades y nos acerca a la trascendencia, al sentimiento de libertad. El discurso mítico nos procura exactamente los mismos éxtasis, que no son más que orgasmos intelectuales.

La narrativa de la innovación nos da a entender que ya hemos abandonado definitivamente el presente y estamos en el futuro, como si de dos pueblos se tratase, nosotros ya conocemos la luz mientras que los demás siguen en las cavernas, llevamos un pueblo de ventaja a nuestros seguidores inmediatos, hemos sabido sobreponernos a la gravedad y elevarnos mejor que los demás, hemos sabido superarnos, anticiparnos a lo nuevo que ya es mucho decir. El mundo de la ciencia y la tecnología se apoyan mucho en estos discursos míticos.

El neologismo es precisamente la palabra inventada para dar cobertura a la innovación o al discurso mítico sobre la innovación.