¿Crisis global o barreras al desarrollo desde nuestro imaginario masculino? Octubre 16, 2008
Posted by Antonio Linares Güemes in Cambio y transformación, Creación estratégica.add a comment
Los humanos vivimos constantemente en busca del orden, porque el orden representa nuestra fantasía de control sobre el tiempo, es una argucia de nuestra imaginación para controlar nuestras imágenes de muerte; la angustia es un reloj vital que imagina el tiempo como un caminar inexorable hacia la muerte, por eso asociamos el desorden y el caos con la muerte.
El ritual de nueva creación es un recurso al que acudimos los humanos para abandonar el desorden y el caos en que nos imaginamos sumergidos, y acceder a un nuevo orden; desde el ritual de nueva creación nos rescatamos de las imágenes de muerte y resucitamos. El ritual de nueva creación ha sido y es muy habitual en las empresas, y se lleva a cabo a partir de fusiones, compras, reingenierías o desembarcos de nuevos directivos; desde estos procesos se entiende que hay que poner todo patas arriba y generar un nuevo orden porque el orden vigente supone una degradación que nos confronta con la desaparición. Lo que sucede en estos rituales corporativos de nueva creación es una deslegitimación afectiva de nuestro pasado, un reseteado de nuestra historia personal. No hay peor cosa que convivir con una historia repudiada, es como matarnos en vida; la peor muerte es la que soportamos diariamente en vida.
La globalización representa una legitimación de la carrera desde el imaginario masculino, hiperbólico, excluyente, exacerbado, megalómano y con fantasías de inmortalidad:
-
El imaginario masculino no duda en anular el pasado si con ello alimenta nuestra fantasía de comprar más futuro. Las empresas del imaginario masculino piden motivación y compromiso a sus empleados, a la vez que no desaprovechan una ocasión para fomentar imágenes de muerte entre ellos, amputando cíclicamente su pasado personal y limitando las posibilidades de imaginar el futuro como un tiempo que se expande. Nada por detrás, nada por delante.
-
El imaginario masculino no duda en crear y comprar futuro envasando el tiempo en una compleja ecuación matemática, como sucede en las fórmulas de los derivados financieros; ello hace que el mundo inmortal recreado en el derivado financiero acabe siendo más importante que el mundo biológico y mortal en que nos desenvolvemos, es decir, creamos la fantasía para que supere y prolongue a la realidad. Un producto financiero estructurado con el capital principal garantizado es una criatura del imaginario masculino para alimentar nuestras fantasías de inmortalidad. En el discurso de “gano y no pierdo” hay una fantasía de vida sin riesgo de muerte; hablar de incertidumbre aquí no es más que una impostura porque la fantasía es una anulación de la incertidumbre.
-
El imaginario masculino es anti-sistémico, porque no duda en aislar, disociar y separar para luchar contra la imagen de muerte que nos invade. Así, desde el imaginario masculino queremos separar el regulador del mercado, porque asociamos al regulador como limitador de nuestras posibilidades de inmortalidad para redistribuirlas a los demás. El mercado que imagina el imaginario masculino es una fantasía de perennidad y de inmortalidad.
-
La crisis conómica que imaginamos desde nuestro imaginario masculino es una barrera o limitación a nuestra fantasía de inmortalidad. Nuestro imaginario masculino admite el ciclo como una posibilidad intelectual, y mucho menos como una necesidad vital. Con esta afirmación, no pretengo regodearme en el fango de una crisis estructural sino señalar un límite estructural de nuestro imaginario masculino.
En resumidas cuentas y para alimentar nuestra reflexión:
-
La crisis actual se puede interpretar como una barrera al desarrollo desde el activismo de nuestro imaginario masculino. El sistema muestra el límite estructural propio del imaginario masculino.
-
Hay principios sistémicos - universalidad, comunidad, historia, inclusión, ciclo, etc. - propios de nuestro imaginario femenino, que no están presentes en nuestra globalización actual, y que buscamos a reprimir a toda costa. Su inclusión futura puede contribuir a una nueva era.
-
El sistema financiero tiene que reequilbrar los patrones masculinos de sus directivos para no toparnos en breve con el mismo límite estructural que estamos conociendo. El reequilibrio va hacia un mayor reconocimiento del patrón femenino, lo que no necesariamente implica que haya que promocionar a más mujeres. Subsecuentemente, todos los parámetros de segmentación de los llamados perfiles de riesgo en inversión también deberán ser revisitados.