El management es una disciplina a vocación esencialmente funcional y positivista. Busca a plantear modelos y recomendaciones que ayuden a las organizaciones a mejorar su competitividad y su éxito. Desde los casos y los modelos que expone, y desde los datos numéricos que aporta, el management persigue una ambición de prescripción y de persuasión, aunque tenemos que reconocer que en los sistemas sociales los comportamientos no se repiten. Como dice la letra pequeña de las instituciones financieras: “beneficios pasados no garantizan beneficios futuros”.
La cuestión que nos planteamos es si para lograr ese objetivo deseado, el management tiene que acudir a describir, a explicar, a interpretar o a una hibridación de las tres. Cuando leemos un libro de management a muchos nos sucede que nos resulta difícil comprender a qué salsa de argumentación nos le ha servido su autor. En las líneas que siguen voy a apoyarme en lo que dice el antropólogo Gérard Lenclud[1], el cual dedica el capítulo IV de su libro a aclarar las fronteras entre las tres salsas.
Describir es un acto puramente etnográfico, en la medida de lo posible sigue una línea cronológica, es decir, se describen los hechos y las situaciones tal y como aparecen “a simple vista” o “a primera vista”, sin inferir las causas plausibles. Describir es un acto bastante visual, no nos interrogamos ni sobre los “porque”, ni sobre los “cómo”. Tiene escaso valor predictivo, es como una salsa en la que nos describen los ingredientes pero no nos dicen las cantidades exactas.
Explicar es un proceso de imputación de causas (“la causa de esto es aquello”). En los sistemas sociales hay dos sistemas mayoritarios de explicación, es decir, dos formas de racionalizar:
- Explicacion causal lineal: Mediante argumentos mas bien empíricos (indicadores, estadísticas), buscamos a explicar las causas y las consecuencias de manera a elaborar modelos deterministas que responden a la realidad. El neuro-management es una escuela que sigue la estela de las ciencias cognitivas, las cuales se apoyan en mecanismos de explicación causal lineal para hacer inteligibles los comportamientos individuales y/o corporativos. Inteligibles significa extrapolables y copiables por otras personas y/o organizaciones. Para los valedores del neuro-management todo comienza y termina en el cerebro, lo cual dice del carácter antropocéntrico de esta escuela. Ultimamente, el humano está maravillado con su propio cerebro, que ve como la fuente primigenia de todo y también como recurso para acceder a la eternidad. Esta escuela tiene la fantasía de que el management es una ciencia predictiva, con el mismo estatuto que otras ciencias de la naturaleza, y que no responde por lo tanto a intuiciones, a cartas astrales, o a cantos de sirenas ideológicos. Históricamente, se observa una colusión entre el neuro-management, las ciencias cognitivas, la explicación causal y su determinismo, y la ideología neo-liberal.
- Explicación intencionada: Una forma alternativa de explicar es, según Lenclud, la explicación intencionada, tal y como se hace en Historia. En ella, tratamos de hacer comprensibles los motivos o intenciones que llevan la persona a actuar como actúa. Las preguntas que nos hacemos son: ¿por qué hace esto?, ¿qué fines persigue el directivo?, ¿qué medios despliega para lograr tales fines?, ¿qué relaciones caben entre medios y fines? El objetivo de la explicación intencionada sería establecer un equilibrio lógico (racional) entre los fines que persigue y los medios que despliega. A esta altura de la película, la Historia reciente de las organizaciones nos enseña que hay conductas de management que no siguen fines racionales (Enron, Arthur Andersen, B. Maadoff, Letman Brothers, Olympus, Bankia, etc.). Ahora tenemos suficientes casos para afirmar que el directivo (o el político) puede decir una cosa y hacer exactamente la contraria. No es casualidad si los valedores de la teoría crítica (escuela filosófica de Frankfurt) vuelven a estar de moda. Por todo ello, la pregunta desde el por qué (¿por qué hace esto?) nos queda corta. G. Lenclud plantea cuatro límites a la explicación intencionada:
- No tiene valor predictivo.
- Las causas lejanas y las próximas, las coyunturales y las estructurales, se retroalimentan mutuamente. Hoy decimos que operan desde una dinámica sistémica.
- La explicación intencionada varía en función del corte (temporal o espacial) que hagamos de los hechos.
- La búsqueda (inferencia) de causas es posterior al establecimiento de los hechos. Observamos que el carro está delante de los bueyes y tratamos de inferir las causas. Observamos la escena del crimen y tratamos de inferir el móvil.
Interpretar es un proceso de inserción de los hechos, las experiencias y las situaciones en un modelo o una teoría (social, política, antropológica, psicológica, organizativa). Por ejemplo:
- Desde la teoría evolucionista diríamos que ciertas organizaciones están más desarrolladas que otras, o que ciertos paises están más desarrollados que otros.
- Desde la teoría culturalista diríamos que ciertos comportamientos o cambios organizativos son explicados desde la cultura corporativa; la cultura corporativa es un explicador de lo demás que a su vez no admite ser explicado, al igual que sucede con el mito.
- Desde la teoría funcionalista tratamos de legitimar el órgano o el rol desde la función; por ejemplo, los políticos crean entes o puestos legitimándoles desde la función, es como decir que la función del aire es producir viento.
La interpretación trata de comprender las circunstancias que envuelven a los hechos, por ello acude al cómo: ¿cómo es posible que suceda (o haya sucedido) tal cosa? La interpretación es como una realidad de segundo orden generada a partir de hechos, experiencias y situaciones considerados como realidad de primer orden. Esos hechos, experiencias y situaciones pueden ser presentados (“estar presentes”) o representados (“verbalizados, visualizados”).
¿A qué nivel deberemos situar el comportamiento de las organizaciones? ¿Cuando tratamos de contar algo a terceros, a qué nivel deberemos situarnos? ¿Cuánto dice el nivel usado de la modestia o la prepotencia de quien habla?
Dice G. Lenclud que “racionalizar no es explicar sino hacer comprender, que no es lo mismo” (Pág. 143). El antropólogo (¿al igual que el consultor?) elabora modelos teóricos y los utiliza para hacer inteligibles determinados comportamientos. Esos modelos anexionan números y resultados para legitimarse, lo que facilita la tarea de comprensión por parte del receptor, pero no la tarea de explicación.
Desde esta perspectiva, el consultor estaría procediendo esencialmente a una explicación intencionada cuyo objetivo, recuerdo, es establecer un equilibrio lógico entre los fines (persuasión) que persigue y los medios que despliega (argumentos). Su argumentación desde la propuesta selectiva de indicadores y de estadísticas, y desde la propuesta también selectiva de casos de éxito (causa intencionada), mejora enormemente la tarea de comprensión del directivo-receptor, que acaba creyendo que le están dando una explicación pertinente, práctica y extrapolable a su realidad, es decir, con valor predictivo.
Esta lectura retorcida me lleva a creer que el management podría ser una disciplina en el amplio e intangible sector de la incertidumbre del cual presagié su eclosión hace años.
[1] G. Lenclud; L´universalisme ou le pari de la raison, Ediciones Gallimard, Paris, 2013.



