experiencias y reflexiones sobre los sistemas sociales

Portada_el sentido compartido_17x24cmIndice_ el sentido compartido

El tiovivo de la eficiencia infinita gira para mejorar el posicionamiento de la marca y el beneficio corporativo. Los líderes desean que los colaboradores se comprometan como si estuviesen jugando.

Los colaboradores desean que sus líderes les permitan soñar compartiendo la visión, colaborando en la transformación del negocio, y desarrollando los estados de la relación con los clientes.

Los clientes desean que las propuestas de valor que reciben de sus proveedores o de sus socios se ajusten a la promesa que se les hace.

Eso es lo que está en juego.

El tiovivo del sentido compartido gira para compartir sueños futuros, para transformar el negocio presente, y para mejorar el estado de la relación con cada cliente.

Eso también está en juego.

El sentido compartido_minilibro_definitivo

 

Si aspiramos a subir a la cima de la eficiencia, la competitividad, el éxito y el reconocimiento social, tenemos que elegir bien nuestros compañeros de viaje y nuestros sherpas.

Necesitamos verdaderos depredadores que se coman el mundo: leones y tigres que den buenos zarpazos, tiburones con dientes que destrocen, lobos y hienas que cacen en manada, águilas que vean de lejos, y algún que otro buitre carroñero para que limpie los cadáveres que vamos dejando en nuestra carrera antropológica. También necesitamos monstruos que escupan fuego por la boca, animales que nos sirvan para husmear bien el mercado, zorras que ataquen los gallineros de la competencia, bestias con olfato para oler la miel de lejos, que busquen bajo las piedras, separen la paja del grano, trabajen como hormiguitas o les saquen las hieles a los rivales. Queremos gente que despunte, que destaque, sobresalga y apunte maneras. Gente brillante, que tenga un coco privilegiado, que demuestre una gran lucidez y que sea muy clarividente. Gente que las vea venir de lejos y las cace al vuelo.

El proceso de selección es clave ¡No todo el mundo vale! Hay varios montones de candidatos a descartar.

El primer montón a descartar es el de los débiles, los lentos, los torpes, los patosos, los renqueantes, los pelmas, los pesados, los arrastraos, los inaguantables, los retorcidos, los insoportables, los retrasados, los “quejicas”, los pasotas, los enclenques y los enfermizos. Todos constituyen una verdadera amenaza para la ascensión. No podemos depender de esa tropa de desvalidos, nos generan un sentimiento de vulnerabilidad. Sentiremos angustia viendo que el tiempo pasa y no avancemos lo suficiente. Unos porque van pisando huevos, otros porque van arrastrando los pies, otros se distraen con una mosca, no paran de quejarse o van soñando despiertos. ¡Vaya ganado! Dan ganas de echarse a llorar.

Un segundo montón a descartar es el de aquellos que se muestran poco claros, los volátiles, los etéreos, los imprecisos, o los que vuelan bajo y no tienen el nivel suficiente. Están los que no dan la talla, los que no están a la altura de las circunstancias, los que tiran la piedra y esconden la mano, los “cortaos” que parecen una mitad, los que les queda grande el asiento que parece que encogieron en el primer programa de lavado, los mediocres que no mejoran ni metiéndolos en un acelerador de partículas, los que no tienen más de dos dedos de frente, los que dan un electroencefalograma plano, los que tiene una cabeza de mosquito, los del cráneo hueco, los estrechos, los que tienen su inteligencia en el culo o los cortos de miras que no ven más allá de su nariz. A estos hay que decirles ¡Ya lo siento, qué quieres que te diga! Eres muy poca cosa, tu nivel deja mucho que desear.

El tercer grupeto es el de los espabilados y los listillos que pretenden hacer su propia carrera. Los estiraos, que parecen que viven adelantados, se sienten por encima de los demás y dan la impresión que se han salido de las tablas de mortalidad que usan las aseguradoras. Los polémicos, que se enrollan como persianas con tal de no pegar clavo. Luego están los sobraos, los sabelotodo, los que se creen que los demás hemos nacido ayer mañana, los que piensan que nos hemos caído del burro y creen que nos la van a dar con queso ¿Y qué tal aquellos lumbreras que de forma descarada y sutil pretenden hacernos sombra interponiéndose en nuestra carrera al cielo? ¿Y los que están dispuestos a apagarnos el interruptor para que nos peguemos una leche? ¿U aquellos enteradillos que buscan adelantarnos por la derecha e interponerse entre el Sol y nosotros para eclipsarnos? Todos pretenden quitarnos luz que es como si nos quitasen el oxígeno para subir ¡Lo que nos faltaba! A estos hay que ponerles los pies en el suelo inmediatamente.

Y en el cuarto están los interesados, los pelotas, los aprovechados, los rastreros, los gusanos, los chupópteros, los sangradores, los ladillas, los chupones, los lameculos, los parásitos, las sanguijuelas, los mosca cojonera y los que van metiendo por detrás ¡A nuestras espaldas! Estos pretenden subir a la cima a cuenta de nuestra sangre, sudor y lágrimas ¡Vampiros! ¿Acaso os creéis que me vais a hacer sangrar?

Cuándo por unos y cuándo por otros, nos sentimos más solos que la una en esta carrera antropológica a la cumbre y la luz ¿Qué hacer por ejemplo con los casposos, que parece que van perdiendo materia orgánica de su tejado y la depositan sobre los hombros? ¿A dónde podemos subir con ellos con tantos desprendimientos que nos recuerdan la muerte? ¿Y qué me dicen de los soplapollas? ¿Qué hacemos por otro lado con los esquivos, los huidizos y los escurridizos? ¿Acaso alguien los quiere en su carrera antropológica? No nos sirven ni para despistar a nuestros rivales; son como las cucarachas que se zafan por los resquicios, son de los que se esconden en los retretes, se encierran en los archivos, se bajan a fumar un cigarrito a la calle cada cuarto de hora, tienen una reunión en la otra esquina del edificio, se escaquean como bellacos diciendo que tienen mucho que hacer, dicen que vienen acatarrados para que se les perdone y se les apunte al parte diario de exculpados de la carrera, llevan un parte de baja interior, sin haber ido al médico de cabecera ¿Qué hacemos también con los correveidile, los cuentistas, los chismosos, los lengua de trapo o los que se les ve el plumero de buenas a primeras? ¿Y qué tal los teóricos, los filosóficos y los genéticamente modificados auto-denominados antroposóficos? ¡Más vale ir solo que mal acompañado!

Suma y sigue: Los que están verdes, los que son grises, los coleccionistas de trienios, los aspirantes a liberados, los quemaos, las que les entran una jaqueca de muerte cuando andan con la regla, los que vienen enchufaos y por supuesto los piraos ¡Joder! Vaya sectas. Unos porque se pasan, otros porque no llegan. Luego dicen que la cosa anda mal, que no hay trabajo y que no se crea empleo.

(dedicado a una amiga paisa en su cumpleaños).

¿Hace el lenguaje la realidad? ¿Reflejan bien las palabras la experiencia que está teniendo lugar? ¿Captura el lenguaje toda nuestra experiencia vital? ¿Aporta sentido o más bien vacía de sentido ciertas experiencias? Algunos de mis amigos me dicen que (por momentos) puedo ser muy reflexivo, lo que para ellos significa que me alejo de la acción (¡craso error de juicio!). Cómo estará nuestra sociedad para que reflexionar sea catalogado como “teórico” o “filosófico”.

Dos figuras de la retórica captan mi atención -el oxímoron y la repetición- por oírlas a menudo en agentes emergentes, creadores de nuevas realidades/tendencias generadoras de sentido para otros muchos. Los emergentes son los primeros que asoman la cabeza, sacan la patita, abren el pico y sacan el ala; el resto de la selva despierta después. El negocio de la emergencia y de la originalidad es muy importante en nuestras sociedades, a menudo da más de comer al ego que al estómago.

A veces, las palabras vienen huecas, no por ponerlas más decorado generan sentido. Cuando van perdiendo su “verdadero sentido” se van sirviendo con una guarnición de epítetos que pretenden servir de muletas. Y otras vienen cargadas de sentido. Vayamos al mercado de las palabras.

  • Inversión de futuro: esta es una repetición que encanta a políticos y tecnócratas franceses. Este maridaje se vuelve habitual en un país que por otro lado ha malgastado mucho dinero del contribuyente ¿Acaso hay inversiones que podrían no tener una connotación de futuro? Pregunto. Que me expliquen. Esta suma sólo sirve para vaciar de sentido aquello que representa una inversión.
  • Política activa: esta repetición encanta a los políticos españoles, sobre todo aquellos que están en el poder, sean del color que sean. El campo donde más se viene sembrando es en las políticas de empleo. Este maridaje es habitual en un país que tiene un 26% de desempleo ¿Acaso cabe darse una política “inactiva” de empleo? ¿Va acompañada esta repetición de una sobre-promesa hecha al ciudadano, para compensar su incredulidad?
  • Cambio transformacional: esta repetición es el mantra y la pacha mama de los consultores, que desean poner doble dosis de todo para hacerse creíbles. Desde ella, anuncian el proceso y el resultado, la gallina y el huevo ¿Acaso no conduce el cambio una transformación? A los consultores nos encantan los turbo-palabros con varios cilindros; por ejemplo, últimamente se nos cae la baba con la “innovación disruptiva”, que es como la hija de la gran chingada, o también hablamos del “proceso singular”, que es algo tan único que ni siquiera llega a la serie limitada: “no me pidas que te lo repita porque no me sale dos veces igual”.
  •  Optimismo moderado: este no sé si llega al oxímoron. También gusta a los políticos y a los tecnócratas que tratan de ver el vaso medio lleno cuando el grifo está cerrado y no suelta ni gota. Suena a entusiasmo contenido, a orgasmo asfixiado, a “ponte serio que te están mirando”, o a “no se lo cree ni tu puñetera madre, ¡anda ya, gran pendejo!”.
  • Señales débiles: otro que quizás no llegue al oxímoron. Significa que lo pequeño o incipiente será transformador, que el gato bien puede ser un tigre, o que la Parte podrá transformar el Todo. Le encanta a los gurús, a los emergentes, los que se levantan un cuarto de hora antes que el resto del mundo, los que duermen con un ojo abierto, o los que llevan gafas para ver lo que nadie ve aún.
  • Caórdico: este tiende a ser un oxímoron que además se ha convertido en neologismo. Define “una cosa” y “su contraria”, es decir, pone un signo a la ambivalencia. Junta el caos y el orden. Uno suelta este oxímoron y observa cómo la audiencia levanta la cabeza y se va corriendo a Wikipedia.
  • Complacencia autosatisfecha: esta iteración es del economista Joseph Stiglitz y la ha usado reciente refiriéndose a la actitud de las élites económicas. La complacencia por sí sola ya conlleva una mirada al ombligo (¡o más abajo!), una satisfacción y un placer generado por el beneficio económico conseguido. Los economistas parecen sentirse solos, no consiguen influir en los políticos, y se retratan en los periódicos dando lecciones y haciendo pronósticos.

Tengo algunas joyas más…

Los franceses las llaman señales débiles (signaux faibles), como para resaltar el contraste entre lo “aún emergente”, y a pesar de ello “muy significativo” o profundo. Esta es mi cosecha 2014.

la híper-adaptación

Antes hablábamos del cambio y ahora cabe hablar de la híper-adaptación, que no es igual…ni tampoco lo mismo. Con el eslogan del cambio surgió un palabro llamado “empleabilidad”, que tenía un perfume de “durabilidad” en el tiempo. A través de estas sustantivaciones, los humanos buscamos a dar vida autónoma/antropoide a una palabra: la “empleabilidad”, la “durabilidad” o la “sostenibilidad” parecen hoy día elegantes señoras que caminan con ritmo propio en nuestras sociedades.

La híper-adaptación de los sistemas sociales es un proceso estrechamente vinculado a la caducidad. Esta tendencia se debe a la fuerte penetración de la digitalización en nuestras vidas, que hace que los humanos pasemos a engordar la lista de entes perecederos: o picamos en la red regularmente para renovar nuestra fecha de caducidad, o estamos muertos existencialmente. La caducidad nos instala en ese presente permanente que ya iniciamos con la mundialización: ya no formamos parte de la famosa flecha del tiempo que caracterizó el Progreso desde el inicio del pensamiento ilustrado, sino de puntos que se van sucediendo de uno en uno. Con la caducidad no hay nada delante, ni nada detrás, vivimos sin pasado y sin seguridad por el futuro. Los algoritmos son criaturas que nos condenan al presente perpetuo.

la concentración a baja resolución

Esta tendencia también es consecuencia de la digitalización de nuestras vidas. La digitalización viene acompañada de mayor dependencia de la visualización. Si se consolida esta tendencia, la sociedad del conocimiento puede volverse un simple mito para nutrir el ego de unos pocos que creerán que su saber podrá ser retribuido. Esta tendencia afecta a buena parte de las (todavía) llamadas organizaciones a conocimiento intensivo. La concentración a baja resolución está estrechamente correlacionada con nuestra evolución hacia un mercado mundial de perecederos. Nuestra memoria y nuestra cognición están emigrando a pasos agigantados hacia memorias externalizadas (ej.: en la nube), gestionadas por algoritmos, que poco a poco dictarán lo que es bueno para nosotros. La concentración a baja resolución hará estragos entre los directivos:

  • en las retribuciones: no hará falta pagar por (tanto) conocimiento puesto que el conocimiento estará en el big data.
  • en las competencias: generar sentido se vuelve más importante que generar conocimiento. Sin embargo, muchos directivos seguirán creyendo que el estilo coercitivo, basado en el control, primará.
  • en la organización: difícil mantener reuniones para generar visión o creación de valor, todo es multitarea, activismo, distracción, disipación, e imitación.

la temporalidad discreta-digital    

¿Podrá Google un día inducir una crisis sistémica desde sus algoritmos? Lo que venimos haciendo con la penetración de la digitalización en nuestras vidas es permutar poco a poco nuestra temporalidad concreta y personal, por identidades, indicadores, y versiones digitales. Las versiones son muy diferentes de las modas. La máquina digital ya define hoy día nuestra temporalidad/duración más de lo que creemos. Estamos mutando de una temporalidad propia, basada en nuestra experiencia continua y en nuestra memoria personal, hacia otra temporalidad externa, basada en versiones digitales de la realidad, en picos y valles digitales, en periodos digitales de negocio, en versiones digitales del conocimiento (versión 1.0, 2.0, etc.), o en umbrales y magnitudes digitales de sensibilidad. Desde la temporalidad discreta-digital será posible el envejecimiento artificial del lenguaje, lo que supone una transformación antropológica mayor.

la responsabilidad evitable

La híper-adaptación, la caducidad, la concentración a baja resolución, la estandarización de la oferta de productos y servicios (Ej.: la fórmula X, la tarifa Y…), o el consumo “distraído” (Ej.: gente que come a la vez que pica en el Smartphone), parecen ir de la mano con formas esquivas, difuminadas y livianas de responsabilidad por el esfuerzo, el trabajo bien hecho, o el servicio de excelente calidad. Seguiremos experimentando un desfase importante entre la promesa hecha al consumidor y la (baja) calidad entregada. Empleados que miran para otro lado o que ponen cara de coliflor cuando el cliente les reclama algo, líneas telefónicas de atención al cliente mediocres, páginas web más centradas en la publicidad de la marca que en el servicio al cliente, redes sociales plagadas de infiltrados corporativos, avatares y relatos-ficciones sobre la marca, directivos que se esconden detrás de sus empleados, políticos que se esconden detrás de sus técnicos. El lema será “nadie se hace responsable aquí”. La responsabilidad evitable va de la mano del entontecimiento generalizado, en consumidores, directivos y colaboradores.

la simulación natural

Se consolida la tendencia a fingir de forma natural (Ej.: fingir capacidades, amistades, emociones, poder). La tendencia a destruir lo que funciona para simular que hay que cambiar, o que es bueno para el futuro. La tendencia a repetir lo mismo diciendo que se innova. O a copiar/usurpar el trabajo de otros y a presentarlo como propio; hay una evitación generalizada del trabajo constrictivo y una gran atracción por el trabajo distraído y de fotocopia. La tendencia a presentar como contingente y provisional lo que en verdad resulta definitivo, o a presentar como definitivo lo que en verdad resultará provisional. Con la híper-adaptación y la caducidad, el oportunismo y la hipocresía se vuelven claves puesto que ambos representan la flexibilidad y adaptabilidad de la persona. Desde estos comportamientos resulta difícil asumir la responsabilidad por el trabajo bien hecho.

(sin etiqueta)

El gusto por objetos, consumos, eventos, y relaciones efímeras, todo lo que dura aparece como imperfecto. La anti-elegancia en los gestos, en el vestir, en la exaltación del interés personal inmediato en detrimento de la cortesía y del bien de la comunidad. El comer caminando, comer trabajando, comer hablando (Smartphone), o comer lo que no se debería comer. La devaluación de la reflexión en beneficio del activismo, del benchmarking puntual y del “copia y pega”. La reducción de la diversidad desde la consolidación del determinismo, la estandarización de la oferta, el consumo distraído; todos ellos son propios de la economía de multitudes en la que lo colectivo ejerce una tiranía sobre la individualidad. La violencia individual y la lucha por el reconocimiento social de colectivos que van mutando geográfica y socialmente.

la artesanía frugal

El contra-lujo al lujo elitista y de alto margen propuesto por las marcas de lujo. El auge del producto o servicio “premium” local. La importancia por la responsabilidad duradera ante el cliente (“con nombre y apellidos…cara y ojos”), ante la desclasificación y la responsabilidad invisible propuesta por las marcas de la economía de multitudes. La localización de la creación y la producción artesana en Europa. El valor añadido frugal, parco en recursos, con ofrecimiento de una cara amable y responsable ante el cliente, y con visión a largo plazo. El desarrollo de los estados de la relación con el cliente.

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